Laurence Anyways

26 Abr A.Z.

Es noche cerrada y las farolas de la avenida parecen parpadear más de lo habitual. Su tintineo queda marcado en la delgada capa de nieve que, más que cubrir, consigue poco más que encharcar la acera. Toda una molestia. A lo largo de la calle, los reflejos del suelo emblanquecido convierten la vía en una pista de aterrizaje, un camino monótono, señalizado, que finaliza justo antes de alcanzar la casa que preside el barrio. Tres pisos y, a ojo, unas doce habitaciones, incluida la espaciosa sala de estar con una modesta colección de arte que podría costear, no con demasiada dificultad, las mensualidades de mi apartamento durante tres años. Todo ello envuelto en un cascarón de ventanales y incrustados en una pared inmaculada, la envidia de la escarcha que ensucian mis tacones.

Me llevo un cigarro medio consumido a la boca y aspiro hondo. Parece que te va bien.

El interior de la vivienda parece vacío, pero un Renault que reconozco a primera vista salvaguarda la propiedad. Supongo que es el aspecto que se le presupone a una casa normal y corriente alcanzadas las dos de la madrugada, a oscuras, con los padres amarrándose al máximo tiempo de descanso posible mientras su hijo hace horas que vive inmerso en un sueño de lo más apasionante. Hay que ver la manera en que la rutina nos constriñe el cerebro y termina reduciéndonos a entes predecibles y normativos. A algunos más que a otros. Y mientras me imagino tu olor entre la áspera y fría humedad navideña que entumece la punta de mi nariz me sorprendo en el ala este del jardín, enfrentado al muro blanco que sostiene tu nueva casa, tu nueva familia, tus nuevos hábitos, tu nueva vida, y me arropo a mí mismo en cuclillas, abrazándome las rodillas mientras escarcha y barro se enzarzan cuesta arriba por el terciopelo de mi abrigo.

-¿Es una revuelta?

-No, señor. Es una revolución.

Desde el principio supimos que lo nuestro iba a ser algo extraordinario. Tú, recién llegada al mundo de la pantomima en VHS, demasiado inquieta como para conformarte con la realidad diaria. Yo, vagabundo entre libros, dispuesto a romperte todos los esquemas. A veces de manera demasiado brusca, riesgo que asumiste por entero de buena gana.

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Fue entonces cuando empezó nuestro juego de deconstrucción, deconstrucción y reorganización, cuestionando las expectativas vitales de la gente de a pie fumando hierba en un Seat de tercera mano para terminar decidiendo cómo querernos en un apartamento pintado de rojo y de azul, de ti y de mí. Una paleta limitada con la que supimos hacer maravillas, pero que terminó desparramándose, inundándolo todo, ocupando la estancia y nuestros cuerpos. Y la luz ya no pudo pasar.

En la salud que fue recuperada

en los peligros de los viejos días

en la esperanza ya sin un pasado

escribo tu nombre

Un repentino quemazón en los dedos me despierta del recuerdo. Dejo caer el ahora pitillo de ceniza y me froto los ojos  después de no sé cuantos minutos perdida en el blanco de tu casa. Levanto mi mano y acaricio la pared, deseando con todas mis fuerzas que esta sea la luz que tanto te faltó cuando después de toda una vida supe encontrar la mía, al tiempo que amarro con fuerza la tiza rosa de mi bolsillo esperando, rogando, que nos eches tanto de menos como yo lo hago cada día. Porque lo nuestro es, y ya está. Sin punto de partida ni escena final. Más allá del espacio y del tiempo, una singularidad en la que ese tú y ese yo coincidieron para volverse eternos y quedarse allí, en la inmensidad. Y ahora tú, y yo, despojos de lo que una vez llegamos a ser, nos conformamos sin demasiado esfuerzo con los mundos que nos han acogido y los aceptamos, por muy asépticos que puedan parecernos en algunos momentos. Es fácil e indoloro, en comparación. Poco importa. La vida ya la vivimos hace mucho tiempo.

Dejando escapar un suspiro me pongo de pie. Del bolsillo de mi ya arruinado abrigo saco la tiza y nos pinto a nosotros, a quienes un día fuimos. Un ladrillo rosa perturbando la norma blanca ya sin mácula, nuestra singularidad. Y me marcho por donde he venido.

Laurence Anyways

Puedes leer a Andrea en su blog CINETOSCOPIA.

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Andrea
Andrea
andrea_cr_1994@hotmail.com

Mi vía de escape a los mandatos del estilo periodístico. Aquí me transmuto y me vuelvo personaje, actriz de puño y letra, para explorar un otro ficticio salido de la pequeña o gran pantalla.

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