Actuar

21 Ene Actuar en invierno

Cuando llegué con Selfie al Festival de Málaga respondía en cada entrevista “no soy actor”. Jaime, Víctor, todos me reñían. “Eres actor. Deja de decir que no eres actor, o nadie te tomará en serio”. Tenían razón. Pero no lo hacía como una muestra de desdén o de rechazo: considero, por un lado, que son los demás los que deben poner etiquetas y que es soberbio hacérselo a uno mismo. Hay profesiones en las que son la calidad, la continuidad y la estabilidad en el trabajo las que en teoría definen a uno. Nadie se puede proclamar cirujano en su biografía de Instagram sin un título, al contrario de lo que hacemos con la fotografía o la comedia. Pero esto ya lo saben.

Por otro lado, no me atrevía a denominarme actor porque quería (y quiero) acercarme a esta profesión con la mayor de las humildades, con el máximo respeto posible.

Pasaron dos cosas más que consiguieron convencerme de mi ineludible etiqueta de intérprete. El mismo día que presentamos Selfie en el Festival de Cine de Melilla, me invitaron (gracias Miguel Ángel Oeste) a participar en una mesa redonda sobre actuación. Arturo Valls, Bárbara Santa Cruz, Maggie Civantos y María León, moderada por Luis Alegre. Expliqué mis reticencias sobre considerarme actor y María León aseguró que las dudas hacían que lo fuese más todavía. No voy yo a discutir con el derroche de talento que es María León.

La segunda fuerza incontestable, a riesgo parecer un pedante insufrible, es que todos estos meses me he sentido abrumado por la buena acogida de mi trabajo. La crítica y la opinión cinematográfica es otra de las cosas a las que me dedico. Me fascina por su capacidad de añadir matices y reflexión a un producto a priori establecido como es una película. Creo que hubiese podido entender una reacción negativa ante mi trabajo, aunque mi primera voluntad fuese hacerme un ovillo y llorar. Y creo que es justo que celebre pero sobre todo asuma la responsabilidad de una aceptación tan positiva.

Así que ahora soy actor. Actor nominado. Sin comerlo ni beberlo llegué a ser el chuleta de un barrio llamado cine español.

Las dudas no terminan, aumentan. Lo primero que te sorprende es la capacidad de esta profesión para olvidarse de y desmotivar a cualquiera. “¿Qué proyectos tienes?” Pero si no hemos estrenado. Pero si no se lo he contado ni a mi abuela. “Te lloverán las ofertas” Claro, estaba Buenafuente esperando a que llegase yo. Dirijo unos premios de cine, he estrenado mi primera película, escribo y hago monólogos. Trabajo en Brandelicious, una de las agencias de comunicación gastronómicas con más potencial de toda España, y me apasiona. Tengo un chiste que dice que “mi fantasía sexual es follar”. Pues un poco lo mismo: mi proyecto es estar en el lugar en el que estoy.

Las redes. La imagen. Esto también es ser actor, y lo acepto. Qué narices, lo disfruto mucho. Me pongo una vez al mes mi entrevista en Yu. Adquieres notoriedad, ligas más, a veces te invitan a lugares y a cenas. Es divertido. Su parte negativa es, de nuevo, la responsabilidad, el desconocimiento. Dejas de querer decir ciertas cosas en alto. Es algo a lo que jamás pensé que renunciaría. Me gusta demasiado opinar para que no me inquiete.

La gente cambia. Poca, pero cambia. Al final, todo son dilemas sin demasiado fondo comparados con la satisfacción, la felicidad, las bromas. Ha, por supuesto, merecido la pena. Todo. Pero no deja de ser curioso.

Y claro, todavía (fíjense) no hemos hablado de ello. Hemos diseccionado la periferia de lo verdaderamente importante. De actuar. De un papel.

Hay una historia que refleja y resume muy bien lo que creo. Hace un par de meses, el pasado 23 de noviembre de 2017, fallecía Anthony Harvey. Entre otras, había dirigido El león en invierno, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Buscando el increíble fragmento final, en el que Enrique II (Peter O’Toole) y Leonor de Aquitania (Katherine Hepburn) se despiden así:

Henry II: I hope we never die.

Eleanor: So do I.

Henry II: Do you think there’s any chance of it?

Buscando este fragmento, llegué hasta otro vídeo. En él, Anthony Hopkins habla de su papel en esta cinta, que resulta es su debut cinematográfico. De pronto, sin haber hecho jamás una película se encuentra en una gran producción, con nada menos que Katherine Hepburn y Peter O’Toole a su alrededor. No se lo podía creer.

En el vídeo, Hopkins admite cometer fallos en sus escenas con Hepburn, abrumado por su presencia. Ella lo nota, y le da un consejo muy claro:

Katherine Hepburn: Don’t act.

Anthony Hopkins: What do you mean?

Katherine Hepburn: Don’t act. You don’t need to act. You have a good face, you have a good voice, a good body, don’t act. You don’t have to. Leave that to me, I’ll act all over the place.

No actúes. Tienes todo lo que necesitas, no añadas nada más. El resto ya lo añado yo. Es algo en lo que pienso mucho: todo lo que necesita un buen actor en la gran mayoría de las ocasiones es saber expresar lo que ya conoce. Anthony Hopkins tenía la presencia, el impacto de su personaje. Sabía transmitirlo. Lo demás sobraba. Eso sí: nada de esto resta ni un ápice de la calidad de su trabajo. Cientos, miles, tendrán su porte y ninguno podría jugar a este juego de forma tan exacta. Eso es lo que le hace único. Eso es lo que le hace actor.

Hopkins no solo recibiría este consejo, sino que interiorizaría la actitud despreocupada de Hepburn. Tal vez de esa forma de ver la profesión, como un juego de privilegiados, se desprende el entendimiento hacia los últimos papeles de su carrera: menos comprometidos, menos exigentes, igual de sinceros.

Termino con una feliz anécdota. Katherine Hepburn ganó el Oscar por su papel en esta película. Pero recibió lo mismos votos que Bárbara Streisand, con lo que forman una de las seis parejas que a lo largo de la historia de este premio han protagonizado un empate.

Hoy son los Feroz. Ojalá empatar.

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Santiago Alverú
sgalveru@gmail.com

Una columna para gobernarlos a todos. Hablo de lo que haga falta. Un día me buscaré un trabajo de verdad, como aparejador, pero hasta entonces escribo aquí. Y vosotros estáis encerrados conmigo.

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