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10 Mar Aprender

Hay algunas lecciones que conviene aprender pronto:

  • que en todas las reuniones (aquellas que cuentan con un número de participantes superior a cuatro) siempre hay alguien que se aburre. Si eres tú quien lleva la voz cantante, ten la certeza de que el resto también lo hará. Haz todo lo posible para evitarlo.

 

  • que si tu jefe se comporta como un cretino con algún compañero tuyo, pero contigo no, no se debe a que tengas inmunidad, sino que todavía no te ha tocado. Pero te tocará. Prepárate para ello.

 

  • que las modas pasan. Que lo que ahora parece ineludible, se convertirá en demodé. Aunque te resulte inimaginable. Santi Alverú debería de tener preparado un set de afeitado. El día en que deje sus mejillas lozanas se va acercando.

 

  • que la mayoría de los problemas a los que te enfrentas se le han presentado a otros antes y, algunos, han encontrado soluciones imaginativas que pueden resultarte válidas. Pregunta. Infórmate. Copia y adapta. Todos lo han hecho antes. Hacer copia y pega es mezquino.

 

  • que en cualquier organización —es más notorio conforme a su tamaño— hay algunos peces gordos. Descubrirás con rapidez quienes son. Quieren que lo sepas. Se hacen notar (y tienen acólitos que hacen que descubrirlos sea más sencillo). Pero hay también algunos —a veces les llaman personal auxiliar— que pasan desapercibidos, pese a tener acceso a todos los sitios. Pueden ser camareros, vigilantes de seguridad, ujieres, ocuparse de la limpieza, llevar la valija. Ven y no son vistos. Y tienen todas las llaves. No los dejes de lado. Conocen todos los trucos. Te podrán sacar de un apuro. Y tienen un montón de anécdotas que les gusta compartir. Deja que lo hagan.

 

  • que a las siete y media de la mañana muchos van con cara de cabreo. Que algunos, muchos menos, a esa hora llevan la sonrisa puesta. Que su gesto no depende de lo que les haya pasado antes; son así. Y el gesto se acentuará en el desarrollo de la jornada.

 

  • que todos tenemos derecho a cambiar de opinión. Que si nos tomamos esa licencia, ¡y lo hacemos!, debemos concedérsela a los demás. Argumentar que conozco mis intenciones, y sé que son razonables, pero no las de los demás, y puedo albergar una cierta desconfianza, es la mejor manera de aumentar tu cotización en la escala pública de cretinismo.

 

  • que si vas a una cena de amigos y proponen que os sentéis separados por sexos, te resultará más entretenido si te sientas entre los del otro sexo. Si perteneces a un círculo de amigos del colectivo LGTBI, estarás pensando que soy idiota (si no habías llegado a esa conclusión antes).

 

  • que si estás en la barra de un bar y la persona con quien has quedado se retrasa, y no puedes consultar el teléfono, y el periódico de la casa está pillado, y no tienen encendido el TV —ante toda esa improbable alineación de planetas—, te pondrás a mirar el culo de la persona que está al otro lado de la barra. No lo haces porque esté buena, sino porque está ahí. Si hay un periódico, lo ojeas (también si es la hoja parroquial o un número atrasado de Jara y Sedal). Es la misma razón por la que en ocasiones miras el teléfono: porque está ahí.

 

  • que una pareja que, en presencia de otros, se llaman entre ellos “Cari”, el uno al otro, constituyen una compañía potencialmente tediosa. Sepáralos lo antes posible, antes de que la condición potencial se esfume. Que lo hará.

 

  • que no creas en esa afirmación que da por hecho que hay que decir las cosas. En el mejor de los casos, se la traerá al fresco a quien le atosigues con una información que no te ha solicitado. En el peor, te devolverá el favor y te freirá con una dosis masiva de sinceridad. En realidad, tú te lo has buscado.

 

  • que para que un cabreo funcione, antes has debido de colmar de lisonjas al destinatario de tu reprimenda. Nadie te hará caso si le abroncas nada más conoceros.

 

  • que la confianza se alimenta de forma recíproca. Que aunque lleve toda una vida mantenerla, puede perderse en un instante.

 

  • que no hay señales que avisen de que estás frente a una oportunidad. Que es mejor que mantengas tu instinto alerta. Para ello, es necesario entrenarlo, porque no viene de serie. Aunque algunos lo crean con convicción.

 

  • que puedes aprender escuchando a otros, por propia experiencia, o viendo cómo los demás resuelven ciertos asuntos. Que muy pocas personas tendrán ganas y paciencia para detenerse a contarte cosas útiles; algunos lo harán de forma muy discreta (y no se tomarán la molestia de repetirlo; si lo hacen a menudo se trata de unos pelmazos y deberás huir de ellos). Que nadie lo va hacer con el mismo cariño que algunos profesores, pero su presencia en tu vida es pasajera. Que sólo tus padres van a estar de tu lado y que puede que lo que digan ahora te resulte un petardo, pero no dejes que caiga en saco roto. Dentro de unos años descubrirás que ese runrún, se ha convertido a algo muy parecido a lo que tú mismo dices.

 

  • que debes reclamar un papel protagonista en tu propia vida. Que si no lo haces ahora, dejarás el escenario disponible para otros. Y ser espectador para siempre no mola.

 

  • que un intolerante es un tipo que piensa distinto que tú, con la misma intensidad y convencimiento. Si crees que quien no piensa como tú está equivocado y debería cambiar de opinión, eres de ese escogido grupo. Puede que tú no te hayas dado cuenta, pero los que te rodean lo saben y no tienen dudas.

 

  • que en un grupo elegido al azar de jóvenes, puedes intuir que algunos son gilipollas. Y otros (o los mismos) están frustrados. Pero ten la absoluta certeza de que ese mismo grupo, en veinte años, estará compuesto por muchos gilipollas y una gran mayoría de frustrados. Intenta ser de los que se dan cuenta de la evidencia (porque ni son gilipollas ni están frustrados).

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“Cuando una multitud de jóvenes, agudos, francos, comprensivos y observadores, como son los jóvenes, se reúnen y se relacionan entre sí, seguro que aprenden unos de los otros, aunque no haya nadie que les enseñe; la conversación de todos es una serie de lecciones para cada uno, y asimilan así nuevas ideas, nuevos puntos de vista, material fresco para el pensamiento y principios claros para juzgar y actuar día a día”.

John Henry Newman

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Y que les jodan a los que se creen perfectos.

 

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El sitio donde me siento más cómodo: Común sin sentido (después de Yonlok).

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Alberto Secades
comunsinsentido@gmail.com

Psicólogo en prácticas.

1Comment
  • Ricardo
    Posted at 12:55h, 17 marzo Responder

    que gran cancion, aunque suene a tener un rancho de vacas.

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