caótica españa

23 Ene Caótica España

Da la impresión de que, últimamente, todo se desvanece. Corrijo: resulta obvio que, últimamente, todo continúa desvaneciéndose, en tanto que es algo que ha venido sucediendo, supongo, desde tiempos inmemoriales. Desde antes incluso, digo yo, de la aparición del monolito aquel. Pero entended que ahora, en esta edad, en la mía, estas cosas, ya se sabe, duelen siempre un poco más. Y qué mejor forma de llorarlas que tratando de reorganizar todo el caos español. Caóticamente, claro. A la española.

¿Por dónde empezar?

Estos días hace frío. Continúan cerrando cines; triunfa Maluma; se resquebraja Podemos. Dani Rovira presentará otra vez los Goya. Las redes sociales continúan en el oficio de alimentar el vacío. Los concursantes más jóvenes de Ahora Caigo sitúan la Guerra Civil española en la primera mitad del siglo XIX. Tampoco han oído hablar de la Pasionaria. Se tatúan en la espalda otro dichoso dicho en latín mientras continúan desaprendiendo el castellano. Muere Marcos Ana. Y no hace tanto que han plantado un Primark de cuatro plantas en Gran Vía. Y es posible que supieses lo del Primark pero no hubieses oído hablar de Marcos Ana.

Lloramos.

Porque hace tiempo que no llueve en ninguna parte. Esperanza Aguirre existe y, ahora mismo, está en algún lugar, sonriendo. Trueba, el bizco, aprovecha descaradamente nuestras subvenciones sin haber jurado antes bandera. Hace demasiado tiempo ya que nadie insulta a Justin Bieber. Y el pelazo de Puigdemont pulula por ahí, liándola. Condenan a César Strawberry a un año de cárcel. La coronilla de Mariano continúa despoblándose. No así su mandato: ocho millones de buenos cristianos velan por su seguridad. Pablo Iglesias está cada vez más viejo y amarillo. Florentino Pérez existe. También Pablo Motos. Trancas y Barrancas no, pero podrían. Pedro Sánchez también podría.

Carlos Sobera presenta un programa de citas de mierda en Cuatro. Antonio Hernando es real y, como Aguirre, seguramente también esté sonriendo. O riéndose. De nosotros. De ti. Ya nadie se acuerda de nada. BlackBerry. Tuenti. Calendario de papel. Bolígrafo. Bach. Todos muertos. A Donald Trump le gusta Rafa Nadal. A Rafa Nadal le gusta el tenis. El tenis huele (creo) a Lacoste. A nadie le importan los cocodrilos si no es para llevarlos en la solapa. No hay futuro, que diría algún punkarra. La España de Manolo Escobar.

Aquella.

¿Y dónde terminar?

Reaparece el monolito. Y Albert Rivera, al vislumbrarlo, agarra una nave con la mano y la lanza al espacio. Y el universo le devuelve un hueso. Y desaparecemos del mapa.

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Pelayo Sánchez
Pelayo Sánchez
pelayozizu@hotmail.com

La higiene semanal. Champú, gel, esponja, exfoliante, cuchilla, cortauñas, roll-on y mejunjes varios: una ducha a la semana para evitar que el mundo siga oliendo tan fuerte.

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