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19 Jun Despedida | Un ejemplo ilustrativo

Oye, Santi, esto es muy jodido. Colaborar en Yonlok lleva siendo jodido un tiempo, pero no lo era al principio. Al principio de Yonlok, hace no mucho más de un año, tuvimos esta idea fantasmagórica de que escribiera un artículo semanal sobre cultura pop, deconstruyendo la popularidad bajo el microscopio del Patarrealismo Salvaje, y por entonces pensaba, y de verdad que lo pensaba, Santi, que había encontrado un saco de oro sin fondo. Y además tengo el recuerdo nítido de aquellas primeras semanas en que se me escapaban los artículos de los dedos. Bertín Osborne vs Borges, Iker Jiménez vs Marina Ibramović, Mercedes Milá vs Cervantes, Sonia Cervantes vs Todo. Por cada artículo que escribía se me ocurrían ideas para los siguientes cuatro, y los tenía escritos en una tarde, y te enviaba emails a tiempo con textos de los que estaba orgulloso (como un padre) o con los que al menos me encontraba satisfecho (como ciertos padres).

Tampoco sé decirte qué pasó, Santi, pero todo es distinto, ¿no? De aquella vivía en Oviedo, escribía todos los días, amaba de manera adrenalínica, consumía realities y programas de misterio, y tenía lo que yo creía que era alguna certeza: que el arte puede cambiar todo lo que ha de ser cambiado, que mi deber era hablar, que alguien algún día me escucharía.

Cuando en verano me dijiste que los artículos pasarían a ser mensuales, me vino de perlas, porque por aquel entonces ya habían empezado a cambiar las cosas. La certeza gélida de que me iba y de que todo (pensaba, decía, que algunas cosas, pero sabía que todo) iba a cambiar se había empezado a aposentar y el verano transcurrió sobre un roncón de miedo y libertad suicida. No tenía ideas para un artículo a la semana, o peor aún, no tenía ganas, cosa que se traducía indirectamente en no tener ideas. Pensé: semanal no, pero sí que tengo ideas para un artículo al mes. Más de lo mismo, un poco más largo, un poco mejor escrito. Uno al mes. Y al principio funcionaba, Santi. El primero de los artículos mensuales lo escribí en verano. El segundo lo empecé a escribir antes de publicar el primero, recuerdo dónde, en un café de la Sarphatistraat, que es la calle menos interesante de Amsterdam, justo fuera del centro, no muy lejos de un canal donde nadan gansos y fochas viejas, pero no muy cerca, nada turística si no es por algún británico extraviado, que de tan poco reseñable no destaca ni por aburrida. Si hubiese pasado más tiempo en aquel café, habría acabado pensando que la Sarphatistraat es la calle más bella de Europa.

El tercero me costó horrores. Por aquel entonces casi toda mi ontología se había venido derrumbando. El Patarealismo Salvaje, aquel movimiento estético que daba coletazos de salmón suicida, estaba deshilachado, un poco por constantes decepciones editoriales, un poco por distancia geográfica entre los miembros, pero sobre todo porque el Patarrealismo nació con afán paródico, la parodia es una deformación de la realidad y nuestras realidades (la política y las personales) estaban tan deformadas que cualquier intento de moldearlas era estéril.

Además, yo en esta época estudiaba muchísimo, solo pensaba en castellano para hablar por teléfono y cenaba a las seis de la tarde. Asqueroso.

Así que los siguientes artículos se me fueron complicando. Me olían a artificiales, como a plastiquete, intentaba emular la sensación que yo pensaba que un artículo en los viejos tiempos Patarreales (aún me da vértigo, Santi, pensar en el poco tiempo que ha transcurrido desde que, el verano pasado, yo era cinco años más joven) habría causado en quien lo leyese. Pero era una impostura, un artificio. Los artículos llegaban tarde porque no podía enviar artículos mal escritos (y todos, créeme, empezaron estando mal escritos); a veces me tiraba una tarde arreglándolos, así como drenando con un cubo un barco agujereado, y otras veces a última hora un tema despertaba en mí como una chispa y podía escribir algo. Intenté hacer algo remotamente parecido al análisis social, al ensayo, perdí todo el empuje artístico. Ya no podía hacer arte, sólo podía hacer artesanía.

Pero no quedaban muchos más artículos de Yonlok, Santi, y pensé: voy a acabar la temporada. Ya el antepenúltimo artículo me costó horrores, y el penúltimo más aún. Pero no quedaba nada.

Ahora bien, este artículo está siendo imposible, Santi. Lo intenté abrir por mil frentes. Tenía unas notas en el móvil para artículos de Yonlok de las que intenté hacer un entusiasta pastiche (1. Sinopsis de películas malas de Netflix: «¿Podrá encontrar a sus seres queridos con un alien viviendo dentro de ella?», 2. En todas las fotos en que se ve un cúmulo de turistas en Pisa, la mayoría de ellos están posando para que otro turista, también en el encuadre, les saque la infame foto en que sujetan la torre, pero siempre hay uno que se hace la foto al revés, como si la empujara. ¿Es gilipollas? ¿Es un genio? ¿Lo sabe? ¿Son acaso gilipollas los demás turistas? ¿Es terrible (creo que lo es) criticar las conductas de rebaño no por su calidad como conductas sino por el hecho en sí de ser conductas de rebaño cuando todo el mundo sigue tradiciones, rituales? Si hay algo de borrego, alguna cualidad indeseable, en hacerse la foto sujetando la torre de Pisa, ¿no lo hay también en el hecho en sí de confluir con diez mil personas en el mismo campo de Italia para ver una torre torcida? Entonces, ¿acaso el gilipollas de la foto en que se ve a los mil turistas haciéndose la famosa foto es precisamente quien la saca, ahí plantado en el campo de Pisa pensando que es mucho más original, mucho menos turista, muy superior a todos aquellos turistas?). Pero si empezaba un artículo sobre cualquiera de estos temas después de dos párrafos me quedaba mirando la irrelevancia del texto y se me iba la sangre a la cara.

Lo que podía haber sido

Lo que podía haber sido

Después de descartar estas ideas intenté hacer algo parecido al periodismo de investigación, cayendo a propósito en las redes de uno de estos perfiles falsos de Facebook, con nombres imposibles y cuatro fotografías profesionales de supermodelos balcánicas (y volcánicas), que agregan a señores de vergas sedientas y les succionan su dinero con promesas inverosímiles de sexo. Estas mujeres falsas que tienen cinco amigos, todos ellos hombres cuarentones, y que sólo publican estados declarando su constante lujuria. El caso es que acepté la solicitud de uno de estos perfiles, con cuidadito, con pies de plomo, que hoy en Facebook algún desgraciado te puede comentar las amistades, y me aburrí casi tan pronto empezó el mismo proceso investigativo. No pasó gran cosa.

Comenzó el contacto con las crípticas palabras Halo gran amor. Intercambiamos unas breves líneas.

chat

Después, cuando me pidió mis datos de contacto me hice un email falso y me envió un correo que, por una fracción de segundo, me hizo recobrar la fe en este artículo. Lo tenía todo:

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Primero, la discordancia entre la misteriosa mujer de Europa del este con quien había tenido la conversación inicial por Facebook y la subsecuente misteriosa mujer libia que ahora me escribía. La historia de espías, amores prohibidos y dictaduras. El link a BBC News para verificar la historia. Las menciones aquí y allá a la idea de que tengamos una relación. As extrañísimas menciones a los padres Lucas Sellán y Rev (sospecho que Padre Rev es una traducción deformada de Reverend Father) como si yo los hubiera de conocer. El hecho de que haya un hilo narrativo que da lugar a ambigüedades y en el que ciertos datos contingentes aparecen (entre paréntesis), dejando claro que estoy hablando con un robot. La constatación de que, si esta estafa funciona, el algoritmo timador habrá pasado el test de Turing (la constatación de que el argumento de la oscarizada película Ex Machina, salvando las distancias, es esto mismo). La notable pereza en el timo.

Y lo vi y me fijé en estos detalles y cuando me senté a escribir, la primera frase, fuese la que fuese, me sonaba vacía.

No veía el atractivo de algo así. El email es una curiosidad, pero ¿qué tesis puedo sacar de ello? Alguna impostura, Santi, como siempre. Algo sobre enamorarse de Google translate. Una mención velada a que la película Her no me gustó demasiado, un poco de hipérbole y de teatralidad cuando digo que estoy absolutamente prendado de Tessy Abdel, precisamente porque sé que es un robot. Una pequeña torta a mí mismo. El mismo artículo de siempre, Santi, para el final.

Y el mismo artículo de siempre no puede ser el del final.

Así que abandoné a Tessy, Santi, y con ella abandoné toda idea para ponerme a escribir un último artículo. Y en lugar de eso te escribo esta carta. No me entiendas mal aquí, no pretende ser esto una mueca autorreferente de las mías: no estoy fingiendo, como he hecho antes en Yonlok, que no sé que estas líneas constituyen el artículo que aparecerá publicado. Claro que lo va a ser. Peroaún así es una nota para ti, Santi, porque siento como que te debo explicaciones. A ti o alguien.

Además de que nadie va a leer hasta aquí, ya cruzado el umbral de las 1600 palabras. Esto es el doble de largo que la mayoría de artículos de Yonlok. No puede dejar de escribir en este acto de contrición.

En fin, Santiago, que estoy agotado. Y sé que tú también, me lo huelo. Yo no sé dónde va a estar Yonlok después del verano (y tú sospecho que tampoco lo sabes, aunque sé que lo sospechas). No sé dónde vamos a estar nosotros. Tu último artículo en Yonlok me pareció algo presagioso, algo córvido, me sonó como que era tu último artículo en Yonlok. Este suena parecido. Y lo entiendo, debe de ser un palo tener una revista. Y tú estás con la película, ahora, además (todavía no hemos hablado de esa puñetera película). Y la vida pasa rapidísimo y no exactamente dentro de nosotros sino como a nuestro alrededor, ¿no, Santi?

En fin, que no sé si podré volver, Santi. Quizá sí. Quizá encuentre algún nuevo sentido en la cultura pop, o descubra (o recuerde) qué es lo que quería que la gente leyera en mis escritos. Quizá tú también. Pero yo estoy escribiendo esto y me suenan las palabras a despedida. Las despedidas, en cualquier caso, suelen ser porosas.

Y mira, sé que no he explicado muy bien toda la problemática de este cansancio. Por qué me cuesta escribir cada vez más. Tampoco es que tenga explicaciones muy convincentes. Pero déjame intentarlo:

Estoy sentado terminando este artículo en el bar de Sarphatistraat en que escribí el primero. Me vine aquí hace tres párrafos por algún extraño augurio de poesía y porque estaba en la zona. Ofrecen descuentos a estudiantes y estoy en la segunda cerveza a euro cincuenta. Hace un calor pegajoso. No estoy seguro de haber candado bien la bicicleta, pero no creo que aquí me la robe nadie. Se oyen sonidos de patos desde un canal que no veo. El cielo se está vistiendo de rosa crepuscular. Todo está bien. Empiezo a creer que quizá Sarphatistraat sea la calle más bella de Europa. Hace tiempo que no pasa nada y hace tiempo que por aquí no pasa nadie. Y peor que todo esto, ya no noto el empuje de la confusión hacia el teclado. No es que comprenda algo de pronto (creo que comprendo peor y menos), es que me parece bien no entender nada. De alguna manera estoy encontrando cierta satisfacción en ser. Y claro, con esta complacencia, a ver quién se pone a hacer arte.

En fin, Santi, que me voy a Madrid el día 15. A ver si me invitas al cine o algo. O nos comemos un pollo al ajillo y brindamos por el futuro. Y si quedamos para cenar, hazme un favor y yo te haré el mismo: actuemos todo el rato como si supiésemos algo, Santi. Como si tuviésemos media idea de qué se nos viene encima.

 

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Saúl F. Borel
Saúl F. Borel
saul.fdez.glez@gmail.com

Una de las cosas más hermosas y más estridentes que tiene el mundo es el entretenimiento basura. Parece, desde fuera, una aberración, pero si se miran los detalles se encuentra una belleza que florece como un millón de lilas en las rocas. Desde los efectos especiales coloridos de las sitcoms infantiles de los 90 hasta los titulares atrapaclicks de Facebook, yo vengo desde el Patarrealismo Salvaje a retratar y rendir culto a esa belleza.

1Comment
  • Alberto Secades
    Posted at 10:25h, 19 junio Responder

    Pues yo me lo he leído entero (el correo no, claro).
    Y sé que es una prueba de que Yonlok debe seguir el postverano, para actuar contra el postureo y la postverdad.

    Gracias.

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