Jim Jarmusch y el rap

21 Abr Poesía marginal | Jim Jarmusch y el rap

Hace algunas semanas se publicó en Yonlok un artículo acerca de la última película de Jim Jarmusch (Akron [Ohio], 1953), Paterson (2016). Como gran admirador, he de confesar que me decepcionó. Aun así, me pareció que estaba repleta de curiosidades: la dualidad (desde el binomio ciudad-protagonista al guiño/casualidad del apellido, Driver, del actor y la profesión de su personaje [como bien apuntó uno de nuestro lectores], pasando por las varias parejas de gemelos que aparecen a lo largo de la misma), el reparto (es sabido que Jarmusch suele volver a confiar en los mismos actores y el poeta japonés que aparece al final es interpretado por Masatoshi Nagase, uno de los personajes principales de Mystery Train [1989]) y, una constante en todos sus filmes, la música.

Esas referencias musicales pueden pasar desapercibidas por lo inusual de su género dentro de una obra de este tipo. La primera es flagrante: mientras Paterson pasea su perro, se encuentra improvisando en una lavandería a Method Man, del mítico grupo de los noventa Wu-Tang Clan. Más tarde, se encuentra con un grupo de jóvenes que están escuchando rap a todo volumen en su descapotable. Por último, se menciona que el único personaje famoso de la ciudad no es, por desgracia, William Carlos Williams, sino Fetty Wap (Paterson [New Jersey], 1991). El rock y jazz, tan presentes en todas sus películas, dan paso al rap, que, para él, es la extensión del blues y soul.

Jim Jarmusch y el rap

No es la primera vez que un miembro de Wu-Tang Clan actúa en uno de sus filmes: en Coffee and Cigarettes (2003), junto con Bill Murray, GZA y RZA protagonizan un hilarante corto. Este último, además, también figura en Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999). Lo cierto es que Jarmusch tiene predilección a la hora de elegir a músicos para interpretar a sus personajes (en lo que se podría leer como un intento más de fusión entre el cine y la música): Joe Strummer, líder de The Clash, y Screamin’ Jay Hawkins actúan en Mystery Train (1989), que gira en torno a la figura de uno de los gigantes estadounidenses, Elvis Presley; John Lurie, saxofonista, aparece en Permanent Vacation (1980), Stranger than Paradise (1984) y Down by Law (1986); en esta última, forma el trío calaveras junto con Roberto Benigni y Tom Waits, leyenda del rock; en Coffee and Cigarettes, este último comparte corto con otro mito, Iggy Pop, líder de The Stooges, que, por cierto, son objeto de la última producción de Jarmusch, el documental Gimme Danger (2016). No es su primera obra dentro de este género, ya que le había dedicado Year of the Horse (1997) a Neil Young y su banda, Crazy Horse.

Jim Jarmusch y el rap

Jim Jarmusch plasma ante todo la otra cara de los Estados Unidos. Si no es a la intemperie, sus películas se ambientan en lugares recónditos, deprimidos, viejos, vacíos, oscuros; ciudades como Atlanta, Detroit, Paterson o los suburbios de New York y Los Angeles, donde siempre hay una gran variedad étnica y social. Además, es frecuente escuchar idiomas que no sean el todopoderoso inglés, lo que constata su sensibilidad por las demás realidades, desmarcándose del asentado egocentrismo estadounidense.

Tampoco es la primera vez que Jarmusch dirige una oda a la poesía. Si bien Paterson versa sobre William Carlos William, el poeta modernista estadounidense de origen puertorriqueño, Dead Man (1995) está basada en un joven (Jonnhy Depp) al que confunden, por tener el mismo nombre, con William Blake, el poeta romántico inglés. Aunque en Paterson Jarmusch articule a través del poeta japonés la oración «Poetry in translation is like taking a shower with raincot on», lo cierto es que ha declarado en varias ocasiones su admiración por la poesía de Rimbaud y Baudelaire (y yo me pregunto: ¿en qué idioma los habrá leído?).

Por ello no resulta extraño que Jarmusch haya incluido esas referencias: el rap es en esencia la representación de la marginalidad y la poesía de lo cotidiano, justo lo que quiere transmitir con Paterson. De hecho, Jarmusch se ha declarado en varias entrevistas amante del rap. Aquí cabe distinguir entre el rap de vacile (gansta rap y, en los últimos tiempos, trap) y el de narración. Él se decanta por el segundo, lejos de las temáticas sobre dinero, ostentosidad y preponderancia viril. Considera que, con el Nobel de Literatura a Dylan, se han de ampliar las fronteras de la poesía, en la que se debería incluir el rap storytelling por la elaboración y complejidad de sus letras, y el uso tan creativo del lenguaje diario. Llega incluso a comparar a RZA con Iggy Pop al decir que son intelectuales al margen de lo académico, que se han moldeado a sí mismos por su voraz interés en el mundo. Y no es para nada un principiante en el rap, ya que cita varias referencias de peso: entre los clásicos, Wu-Tang Clan (GZA, RZA, Method Man, Ghostface Kller, Raekwon y Ol’ Dirty Bastard); de la nueva ola, se decanta por la costa este: Kendrick Lamar («es un brillante genio de la música») y las composiciones menos comerciales de Earl Sweatshirt, cuyo primer apellido es… Neruda. Al final todo encaja.

Como reza el raído modismo del rap: «Real recognize real». Y Jim Jarmusch lo es. Todo el respeto para él.

¿Te ha gustado? ¡Comparte!
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter
Mateo Pierre
Mateo Pierre
mateo.pierre@gmail.com

Me dedico a jornada completa a la digresión. ¿Cómo no, si en su interior cabe, por lo menos, un imperativo, un reto, un adjetivo litúrgico, un primate, un orificio, una pregunta disyuntiva? Quería escribir algo simpático, pero mencioné un primate y me fui con él por las ramas. Esto es la prueba de ello.

No Comments

Post A Comment