Louis CK

10 Nov Louis CK

La primera vez que oí que Louis CK podía ser un acosador, fue en agosto de 2016 en el aeropuerto de Gatwick, Londres. El día anterior había visto su espectáculo en directo. Había volado a Londres únicamente para eso. De hecho, prácticamente dejé un trabajo porque no podía cogerme un día libre e ir a ver su show.

Lo único que quería hacer antes de morir era ver a ese tipo en directo. Lo único. Apenas admiro a nadie a ese nivel. Tampoco tengo sueños reales ni metas que queden bien como titular. Suelo pensar y programar a corto plazo, intentar pasármelo bien día a día y punto. Louis CK era la excepción, la única anotación en mi lista de deseos por cumplir. El más grande, en su mejor momento.

El otro día en una entrevista que saldrá en diciembre me preguntaron por un ídolo y di su nombre sin pensar. Todavía pude describir la sensación de felicidad en la butaca, en el teatro. Resultó una de esas experiencias que cuando alcanzan su ecuador te empujan un momento fuera de ti mismo y te permiten verte disfrutando. Sentir que si todo acabase ahí, a la mitad del monólogo y antes de lo previsto, habría sido ya suficiente. Pero todavía quedaba más.

Como decía, en el aeropuerto me encontré a un amigo que me habló de esto que acaba de destapar el NY Times, que por aquél entonces eran poco más que rumores. Los deseché. De hecho, escribí un artículo (algo mediocre) sobre la experiencia y mencioné muy de pasada el tema. Por si no ha quedado claro: este hombre ha sido uno de mis mayores referentes artísticos y personales. Hay monólogos suyos, piezas de su serie, páginas y páginas de entrevistas que tengo guardadas y archivadas para recuperar sistemáticamente como guía ante la vida. Por dios, fui a Nueva York a comer a la pizzería que aparece en la intro de su serie y me hizo más ilusión que Times Square.

Y es que CK tiene tanta sabiduría en su humor que me abruma solo de pensarlo. Permitidme vomitar un par de fragmentos:


“You don’t think you could do it. You think it’s over, and you’re afraid to try. I mean I get, that’s normal, I’ve seen it.

And I’ve seen it turned around.

[…] Look Louie, we’re talking about the big game here, so forgive me if I use big terms. Here’s the reality. In ten years you’re going to be teaching comedy in a community college to support your kids and falling asleep to The Late Show with Jerry Seinfeld. You’re circling failure in a rapidly decaying orbit. That’s the reality as we talk now. But you can change that. It’s in your power to change that.

Yes, you’ll have to work hard. You’ll have to do things you haven’t done before and still your chances are very slim. But you could change it. I’m going to ask you one more time: David Letterman is retiring. You want his job?”


“How am I supposed to explain to my child that two men are getting married?

I don’t know, is your shitty kid, you fuckin’ tell him! Why is that anyone else’s problem? Two guys are in love but they can’t get married ‘cause you don’t wanna talk to your ugly child for fucking five minutes? Who fucking cares about your shitty kid? He’s probably a faggot anyway!”


-I wasn’t texting.
-It’s really gross. I saw you! I saw you texting!

-No, you saw me reading about the play.
-Well, no, how do you appreciate a thing and google it at the same time? That’s no way to live a life. That’s an insult to the actors to do that.
– Because it was a great play and I wanted to know more about it while I was watching it. Do you even know anything about the play?

-Yeah… It’s a 1960s thing with a…

-Did you know that this play was banned in Russia and in Israel? Did you know that after he wrote it, Shelby thought about killing himself? Did you know that he rewrote the ending ‘cause he was afraid that it would cause other depressed people to kill themselves? Don’t you wonder what that original ending was?

-But you missed the one th– When the kid said at thing, you missed it.
-No, I didn’t. He said, “I wish I were dead. That’s the truest thing I know.” It was really sad, and it was beautiful. I didn’t cry like you ‘cause I’m not a baby. But just because I can appreciate something on two levels doesn’t mean I don’t deserve to have my phone. Fine. Take it. I don’t care.

-Keep it. Keep it.
-Thanks for bringing me. This was cool.

-Sure.


I don’t have any political opinions, I just am very curious. And it’s very interesting to listen to what people say. What’s the best way to run a country and the world? Those are really profound questions. I don’t have the confidence to say that I know one way or another. Some things I think are very conservative, or very liberal. I think when someone falls into one category for everything, I’m very suspicious. It doesn’t make sense to me that you’d have the same solution to every issue. I just like listening.”


Todo suena exagerado mientras lo escribo y lo pienso. Creo firmemente que este desfile público de monstruos es un momento de celebración. Por fin salen a la luz las prácticas continuadas de hombres con poder en el mundo del cine. No hay más debate, no hay más lecturas que hacer: este movimiento es positivo y generará un mundo mejor.

Solamente creo que el luto por perder la confianza en alguien que ha tenido tanto impacto en tu vida es lógico. En este otro artículo de Yonlok hablaba sobre Dave Chapelle y Bill Cosby, y lo que supuso para el primero comprobar que su ídolo, la leyenda, el hombre que había hecho tanto bien por la comunidad afroamericana en Estados Unidos, era en realidad un violador. Rescato un párrafo e invito a leer el artículo entero:

[…] Cosby, admite el cómico, era uno de sus ídolos. Mucho antes, claro, de saber que había violado a cincuenta y cuatro mujeres. Pero para un joven cómico nacido en los setenta, Cosby era un auténtico héroe. Luchaba por una justa representación de su raza en todos sus productos. Había llegado a lo más alto, sus audiencias superaban a las de la Super Bowl. Primer hombre negro en ganar un Emmy. Donó millones de dólares a centros de estudios, convirtiéndose en responsable directo de que miles de jóvenes afroamericanos pudiesen acceder a una educación. Un legado que Chappelle considera valioso, a pesar de todo.”

Nada de esto implica, y parece vergonzoso que haya que explicarlo, que no se rechace su conducta. O que lo primero que le deba importar a uno sea el apoyo y bienestar de las víctimas, y aplaudir su valor. Ni siquiera hablo del debate entre arte y artista. A la mierda el arte, encarcelen a todo el que se lo merezca, podemos vivir sin ellos. Estoy, simplemente, intentando describir el abandono que se experimenta al ver convertido a un hombre que considerabas un referente, en un enfermo. Ni me atrevo a añadir el “presunto”.

Ahora es tarde y escribo triste, con una mezcla de ansiedad y cansancio. Ya lo sé, no vomites, solo soy un muchachito privilegiado llorando por nada mientras que mujeres y personas reales lo han pasado mal, han sufrido episodios de los que quizás no se recuperen. A nadie le importa mi historia, y es normal.

Yo qué sé. Yo qué cojones sé. Ya no entiendo nada. Ya no tengo héroe.

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Santiago Alverú
sgalveru@gmail.com

Una columna para gobernarlos a todos. Hablo de lo que haga falta. Un día me buscaré un trabajo de verdad, como aparejador, pero hasta entonces escribo aquí. Y vosotros estáis encerrados conmigo.

3 Comments
  • Arturo Mombiedro
    Posted at 13:40h, 10 noviembre Responder

    El paso del mito al logos.

    Una maravilla, Santi

    • Santiago Alverú
      Posted at 14:17h, 10 noviembre Responder

      Gracias tío, aunque ojalá no hubiese escrito esto.

  • Alberto Secades
    Posted at 14:18h, 10 noviembre Responder

    ¡Qué bien escribes, Santi!
    Y qué bien describes la agridulce sensación de hacerse mayor, de madurar, de conocer ciertos trucos que colaban cuando eras niño y que, ahora, pasado el tiempo, empiezas a utilizar porque sabes que funcionas.
    Comprendes, como hace la mayoría, que todos tenemos sombras; que lo importante no es tener tentaciones (ni dejarte sucumbir por ellas): lo relevante es que, siendo imperfectos, debemos apretar el culo y continuar.
    Quizá el verdadero acto de madurez consista en entregarse a los demás y, como forma de soportar la convivencia, dedicarse a perdonar, en lugar de emplear tiempo y energías en juzgar.

    Pero qué sé yo, Santi. He alcanzado esa incierta edad y me alegran cosas pequeñas, como ver que Yonlok sigue. Aún hay esperanza.

    Gracias.

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