Sarcasmo

02 May De cuando la gente me ofendió muchísimo

Una de las cosas que más me gusta hacer es sentarme a hablar con mi hermana en una de estas tardes en las que afuera llueve, hace frío y lo único que te apetece es tirarte todo el día en pijama, moño por bandera, y con la nariz debajo de una manta. Tal que así me encontraba hace un par de días en casa, manteniendo tranquilamente una conversación con “la enana”, como me gusta llamarla, y una amiga suya, aprovechando esta racha de mal tiempo que azotaba Madrid.

Os tengo que decir que mi hermana y yo nos parecemos como un huevo a una castaña. No solo físicamente, sino también en cuanto a nuestra personalidad se refiere. Entre las pocas cosas que tenemos en común se encuentran el amor por la comida, el afán por hacernos reír —hablando en plata— haciendo el gilipollas y el sarcasmo. Más concretamente, de lo difícil que nos resulta que los desconocidos nos entiendan cuando soltamos alguna perlita y de lo fácil que le resulta a la gente tacharnos automáticamente de bordes, o frías, cuando apenas nos conocen.

Y esto me da mucha rabia, porque yo no me considero una persona borde en absoluto. Es más, me voy a permitir la licencia de ponerme faltona, ale, que para algo me dejan hablar una vez al mes aquí: a lo mejor tú, sí, tú que estás leyendo esto y me conoces, que te caigo regular porque no entiendes por qué digo las cosas como las digo, eres un poco tonto/a porque a menos que se te digan las cosas mascaditas, no te enteras ni del papo. Yo lanzo la idea, que la coja quien quiera.

Yo y todas las personas que no podemos reprimir expresarnos con comentarios mordaces en nuestro día a día, luchamos a diario contra esto. Somos conscientes de lo fácil que resulta malinterpretar el sarcasmo cuando se encuentra muy bien envuelto por el ingenio, pero no todo va a ser negativo.

Mirad, para empezar, ser sarcástico te obliga a pensar, a ejercitar la memoria y a ser creativo con las respuestas que le das a la gente. Porque cuando una amiga te pregunta si se ha pintado bien el rabillo del ojo, cuando en realidad parece la Juani, es mucho más divertido inventarte una forma de decírselo mediante la cual podáis hasta echaros unas risas a su costa. Eso y que te ayuda a suavizar el golpe, la verdad.

También te ayuda a hacer criba a la hora de elegir tus amistades, porque seamos sinceros: si tu círculo de amigos entiende tu sentido del humor, es buena señal de que estás rodeado de personas inteligentes y empáticas, que te conocen y que saben reconocer cuándo le das importancia a algo y cuándo no, para que cuando ellos se metan contigo a ti también te haga gracia. Cabe añadir que a mí, personalmente, me parece una manera muy guay de coger confianza y demostrar tu cariño o simpatía hacia la persona que te está escuchando.

Además, el sarcasmo es una tendencia muy importante para comunicarte en Facebook, Twitter o Instagram. Todos los días nos encontramos con miles de memes, gifs, vídeos, tweets y artículos que recopilan todos estos en Internet, y es necesario tener un nivel de conocimiento y comprensión de la cultura pop medianamente decente para no perderte en el abismo que son las redes sociales y saber de lo que se está hablando, por qué es relevante y cómo puedes incluirte tú en la conversación sin parecer tu abuela de 80 años.

¿Y qué me decís de ese momento en el que dos personas te dejan atrapado en medio de una discusión en la que vuelan los cuchillos? ¿Acaso soltar un comentario mordaz y divertido no es una de las mejores formas de destensar esa situación? O por lo menos de desviar la atención hacia ti mismo y que por un segundo esas personas se acuerden de que hay alguien que es aún más imbécil que tú.

Pero oye: si se os ocurre alguna otra, contadme, para así tenerla en cuenta la próxima vez que me toque arbitrar un combate amiga vs. “novio/cómo que novio/paso de etiquetas, tía”.

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Elena Valverde
Elena Valverde
elenavalverdesanchez@gmail.com

Me gustan mucho las croquetas y me gusta sacarle fotos a todo, como los japoneses. Bailo mucho. Y me gusta quejarme de vez en cuando, eso también. Dicen mis amigos que buenos consejos vendo, pero que los ponga en práctica yo es otra historia. No sé montar en bici, ni pelar bien una manzana y tampoco tengo el carnet de conducir; pero me salen genial los Cola Caos. Y estarás pensando, ¿y a mí que me cuentas? Normal.

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