sonoridad y prejuicio

27 Jun Sororidad y prejuicio

A veces pienso que si tuviese que entregar un premio a un adjetivo completamente desvirtuado, sin lugar a dudas el ganador sería “natural”. He de admitir que, a medida que pasa el tiempo, voy entendiendo menos qué significa. Quizá mis antepasados australopitecos, de haber tenido un idioma con el que expresarse, me lo habrían sabido explicar mejor. O no. Igual lo que ocurre es que nuestro concepto de algo “natural”, al igual que la materia, ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

Por ejemplo, cuando escucho a alguien decir “no se te ve la cara, maquíllate más natural”, no puedo evitar pensar que esa frase, al menos a priori, me suene contradictoria. ¿No es acaso el maquillaje algo que se puede considerar artificial? Quizá hemos interiorizado lo “artificial” hasta un punto en el que ya se mimetiza con lo natural en nuestras mentes. O puede ser que, como decía antes, el concepto haya evolucionado al igual que nuestras convenciones sociales.

Sea como fuere, la cuestión que quiero plantear aquí va más allá, y aprovecho para lanzar una pregunta a cualquier persona que por azares de la vida haya acabado leyendo este artículo: ¿Está reñido operarse las tetas con haberse leído Guerra y Paz? ¿Acaso pierdes masa cerebral cuando te meten implantes de silicona en las nalgas? ¿Es más aceptable tener la piel tatuada que operarse la nariz? En definitiva: ¿la importancia y la credibilidad de una persona dependen de sus decisiones estéticas?

Si vamos al núcleo del dilema, nos daremos cuenta de que lo que estamos haciendo no es simplemente poner en tela de juicio el aspecto físico de alguien, sino su validez como individuo. Cuando leo comentarios en internet de gente que de verdad cuestiona a una persona por su apariencia, me entran ganas de apagar el ordenador y revenderlo. Ya no solo por los comentarios en sí, sino por su trasfondo. Un trasfondo, en mi opinión, completamente carcomido por los estereotipos, por el doble rasero y, sobre todo, por el machismo. Y resultan especialmente dolorosos cuando están escritos por mujeres, para mujeres.

No necesito que se critique a Kim Kardashian por tener un culo y unas tetas grandes, necesito que todas las mujeres y hombres del mundo trabajemos juntos para despenalizar nuestros cuerpos. Antes que criticar a una persona por haberse sometido a una cirugía estética, prefiero evitar que esa persona pase por el quirófano para que le extirpen las inseguridades que los demás le han ido creando. Y, sobre todo, necesito que las mujeres no nos critiquemos las unas a las otras más de lo que ya lo hace la sociedad por nosotras. En resumen: menos prejuicios  y más sororidad.

 

 

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Cristina Adler
Cristina Adler
valdesramoscvr@gmail.com

Me indigno a jornada completa, 24/7, aunque no me paguen por ello. A veces me abro en canal y me brotan poemas (o columnas) de las entrañas. También traduzco porque las lenguas son casas y a mí me gustan mucho las visitas. La revolución será feminista o no será. Tristan Tzara diría que me parezco bastante simpática.

1Comment
  • albertobalsalm
    Posted at 02:56h, 15 julio Responder

    Menuda mongolada pretenciosa. Haced algo productivo y novedoso en vez de reflexionar sobre temas ya obsoletos. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con su mente, el problema es intrinseco al juzgar a los demas por una mera imagen, lo que nos es inculcado desde que nacemos inconscientente, aunque hoy en dia la gente cree poder juzgar a los demas por llevar una camisa de flores y leer guerra y paz, Conoced a cada una de las personas a las que os referis y despues emitid juicios, no generaliceis, pesaos de mierda.<todos estais cortados por el mismo puto patron de lo que es correcto acutualmente. Yo me pongo botox en el nabo o donde me de la gana y eso no hace diferente a nadie, banda de acomplejaos que sois todos. me la suda lo que me respondais no pienso volver a entrar aqui, acabareis como vice españa.

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