Te quiero

18 Abr Te quiero bien

Nunca he sido buena con las matemáticas. Es más, a día de hoy, me avergüenza reconocer que ya no me acuerdo ni de las famosas tablas de multiplicar. Soy la típica que siempre la acaba liando si tiene que hacer las cuentas para saber cuánto tiene que pagar cada persona en una cena de amigos. Resumiendo: no. Os puedo garantizar que la calculadora de vuestros preciados móviles os será más útil que cualquier remoto conocimiento matemático que pueda albergar todavía en mi memoria. No obstante, hace unas semanas, me sorprendí a mí misma reflexionando sobre el concepto de la proporcionalidad directa e inversa y, más concretamente, me vi relacionando este concepto con el amor.

Quizá coincidiréis conmigo (o no) en que la cantidad y la calidad son cualidades que no siempre van de la mano, es decir, no siempre son directamente proporcionales. Cuando alguien nos dice te quiero, sea en la situación que sea, entendemos que lo que subyace es que somos importantes para la persona que nos ha dedicado esas palabras. En un contexto romántico, un te quiero es la frase. Es la consolidación verbal del sentimiento, la constatación de que lo eres todo para esa persona. Y, por si fuera poco, nuestra lengua nos permite añadirle complementos para convertir esa frase en el baluarte definitivo del amor: te quiero mucho. Nunca un sentimiento tan inefable había cobrado tanto peso gracias a un adverbio. Pero he ahí mi pregunta: ¿es en este caso la cantidad sinónimo de calidad?

Si bien con un seis y un cuatro hago poco más que un retrato (indigno hasta del arte más minimalista, dicho sea de paso), los que me conocen saben de buena mano que me encanta reflexionar sobre todo lo que tenga que ver con la sociolingüística. Así pues, me fue imposible no plantearme si esa frase de verdad se corresponde con lo que predica. No quiero decir que en sí no sea bonita (lo es), ni voy a proponer una nueva expresión que nos permita vehicular el amor a través de las palabras (la lengua española ya cuenta con un amplio abanico de posibilidades). Pero sí creo que habría que hacer un esfuerzo por devolverle su belleza y su verdad iniciales para no condenarla a ir de la mano de la deshonestidad.

Por desgracia, en mi todavía corta vida, he tenido que escuchar demasiados testimonios de personas que han estado en relaciones tóxicas y de maltrato en las que el famoso te quiero mucho estaba completamente desvirtuado. ¿De qué sirven las palabras cuando no van acompañadas de actos que las avalen? Querer a alguien no solo debería implicar cantidad, sino también calidad. Hagamos todo lo posible por decir siempre un te quiero mucho que sea sinónimo de te quiero bien y, sobre todo, no dudemos en poner ambas cosas en práctica.

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Cristina Adler
Cristina Adler
valdesramoscvr@gmail.com

Me indigno a jornada completa, 24/7, aunque no me paguen por ello. A veces me abro en canal y me brotan poemas (o columnas) de las entrañas. También traduzco porque las lenguas son casas y a mí me gustan mucho las visitas. La revolución será feminista o no será. Tristan Tzara diría que me parezco bastante simpática.

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