Unas últimas palabras

05 Jun Unas últimas palabras

Llego cansado a este final de Yonlok, lo admito. Creo que es un sentimiento general. En junio, los más de veinte colaboradores publicaremos nuestro último texto. Han sido meses en los que cada uno se ha forzado por obtener lo mejor de si mismo. El proyecto, me temo, precisa un capitán más firme. El entusiasmo inicial, con entrevistas, vídeos y demás, ha dado paso a una navegación en piloto automático constante. Si bien hemos tenido alegrías, la reflexión y el debate; la asamblea, las ideas, el voto y el reposo, llaman a la puerta. Veremos qué se nos ocurre.

Lo que más me jode es todo lo que no he dicho. Decir que no vas a decir algo es mucho peor que no decir nada, así que allá voy. Estas son las reflexiones que no he querido, no he sabido o no me he atrevido a desarrollar y publicar.

No lo sabes todo

“Las fiestas ya están aquí y, con ellas, las cenas y comidas de empresa y familia, en la que nunca faltan el jefe, el primo o el cuñao machista. Para las feministas que vais a sufrirlos a todos ellos, escribo este compendio de ataques más típicos al feminismo y de excusas más comunes que escucharéis una vez más.”

Barbijaputa [sic] en Eldiario.es

En las reuniones navideñas del pasado invierno, la mayor inquietud parecía ser lo aburrido de soportar un año más a tus familiares más rancios. A ver, que haberlos, haylos. Pero ¿cuándo hemos dejado de poder explicarle a nuestros tíos, abuelos, padres, madres, abuelas o tías lo que creemos que no entienden? Con paciencia, con cariño. Desde el respeto y el entendimiento de que su situación y educación no es la nuestra. En vez, entiendo, de proponer acudir a esas cenas con voluntad de confrontación.

Puedo llegar a entender una defensa vehemente en redes o en espacios públicos del feminismo, en el que creo. Puedo llegar a compartir la rabia y la agresividad, frente a desgracias como las mujeres asesinadas cada día y ante las respuestas frías de gobiernos al condenar sus asesinatos. Sin embargo, el reparto de carnets de superioridad moral que resuelven algunos en privado, hace un flaco favor a cualquier movimiento. Decía Einstein que no comprendes nada si no eres capaz de explicárselo a tu abuela de forma sencilla. Lo cómodo es pensar que hablaba de matemáticas.

Pokémon Go fuck yourself

Nada se le da mejor al ser humano que sobrevalorar, que reaccionar desproporcionadamente. Tal vez únicamente, fingir momentos después que esas reacciones jamás existieron. Se han perdonado ya, sin pedir condenas, los textos apocalípticos sobre cierto juego que, personas con estudios, con jodidos estudios y carreras, padres de familia, malditos empresarios, aseguraban que iba a destrozar la puñetera civilización occidental tal y como la conocemos.

Resulta que ya nadie se acuerda, ni de los que vomitaban miedo ante la diversión de unos chavales ni los propios chavales de qué era aquello.

The Young Pope

It’s death to settle for things in life.

Follar

Tengo folios sobre esto que no me atrevo a publicar. Pero me atrevo a copiar esto:

A la mierda follar por follar. Te precipitas a un lugar en el que la tristeza se vuelve algo físico. El modo automático en el sexo es igual que pasarte la primera comunión de tu hijo borracho. No estás ahí, aunque salgas en las fotos. Los mejores polvos siempre han sido en los que mi mente estaba en pleno rendimiento. Porque no soy un puto mono.

Casi peor es estar entusiasmado que muerto

Suele ocurrir que el éxito pertenece a aquel que lo alcanza sin desearlo, o al menos, al que consigue esconder el esfuerzo detrás de una apabullante naturalidad. Lo sabía George Costanza cuando comentaba esto en un episodio de Seinfeld sobre un nuevo ligue:

“Now she thinks I’m one of these guys that ‘love her’. Nobady wants to be with somebody that loves them. […] You wanna be with somebody that doesn’t like you.”

Para alguien como yo, el desinterés es una forma de vida inalcanzable. Lucho por controlar mi incontinencia verbal cuando quiero estar con alguien, hago malabares para no comer paella y cachopo todos los días. Escribo comentarios de cinco o seis líneas para dejar en vuestros muros de Facebook y luego, ay, los borro. Envidio declaraciones como las de Forfast, cuando asegura que “lo de Youtube me lo plantee como una forma de conocer gente para poder tener un abanico laboral más amplio cuando termine la carrera.”

Por mi parte, lo que hago (sea lo que sea), no lo hago para entretenerme mientras planeo algo mayor, ni como distracción. No empecé de casualidad. Entré de un cabezazo, cogiendo fuerza. Me quedé a base de insistir y de pelear con mucha gente. Ahora mismo me acaban de recoger tras pasar un tiempo en algún lugar buscando comida y refugio, pero con unas ganas locas por seguir adelante. Y se me nota, se nota que lo busco, que quiero conseguirlo, que me hace ilusión.

Olivia Wilde

Olivia Wilde dice que cuando conoció a su actual marido, Jason Sudeikis, este no le escribió en un mes. Tenía su número y no le escribió en treinta días. Ella se preguntaba si habría muerto. Y además, tardó cuatro citas en besarla. Tardar un mes en escribir a Olivia Wilde me parece tan difícil como tardar un mes en escribir a Olivia Wilde. Pero claro, por eso no estoy casado con Olivia Wilde.

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Santiago Alverú
sgalveru@gmail.com

Una columna para gobernarlos a todos. Hablo de lo que haga falta. Un día me buscaré un trabajo de verdad, como aparejador, pero hasta entonces escribo aquí. Y vosotros estáis encerrados conmigo.

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